Por Ricardo Reyes.
En un nuevo ejercicio de autopromoción, el gobernador Miguel Ángel Navarro Quintero salió a presumir la expansión de la planta DRÄXLMAIER Group en Tepic como “prueba” de que Nayarit se ha convertido en un destino “confiable” para la inversión industrial. Según el mandatario, la llegada y crecimiento de esta empresa alemana genera “oportunidades para miles de familias” y posiciona al estado en las cadenas productivas globales.
Sin embargo, la realidad que viven cientos de operarios en la planta nayarita dista mucho del relato oficial. Abiertas desde 2020, las instalaciones de DRÄXLMAIER en Tepic –dedicadas principalmente a sistemas eléctricos para la industria automotriz– han sido señaladas por ofrecer sueldos base que rondan los 56,000 a 91,000 pesos anuales para operarios (equivalentes a poco más de 4,600-7,500 pesos mensuales antes de deducciones), cifras que apenas superan la línea de pobreza en una entidad donde el costo de vida ha aumentado sin control.
Evaluaciones de exempleados y trabajadores actuales en plataformas como Indeed y Glassdoor describen un ambiente donde, si bien hay “oportunidades de crecimiento” para unos cuantos, predominan las jornadas extenuantes, la presión por cumplir metas de producción y prestaciones que no compensan el desgaste físico. “Buen ambiente si aguantas el ritmo; los sueldos no dan para mucho”, resume una reseña reciente. Otras voces señalan que las “muchas oportunidades” prometidas suelen quedarse en ascensos simbólicos para un reducido grupo, mientras la mayoría permanece en puestos operativos de alta rotación.
Lejos de fortalecer una economía “innovadora y de manufactura avanzada”, como afirma el gobernador, la presencia de empresas como DRÄXLMAIER refuerza el modelo maquilador clásico: inversión extranjera que aprovecha mano de obra barata, incentivos fiscales y ubicación geográfica, pero que deja poco valor agregado real en la entidad. Nayarit sigue dependiendo de ensamblaje para marcas premium europeas y asiáticas, sin que se observe transferencia tecnológica significativa ni encadenamientos productivos locales que beneficien a proveedores nayaritas.
El discurso triunfalista de Navarro omite preguntas incómodas: ¿cuántos empleos formales de calidad se han creado realmente frente a los miles que se publicitan? ¿Qué porcentaje de esos “miles de familias” beneficiadas logra salir de la precariedad con estos salarios? ¿Por qué el estado no condiciona mayores incentivos a mejoras salariales y ambientales en lugar de limitarse a aplaudir cada anuncio de expansión?
Mientras el gobernador proyecta a Nayarit “al mundo” con frases grandilocuentes, en las líneas de producción de Tepic la historia es otra: turnos largos, presión constante y un futuro laboral incierto en manos de una trasnacional que prioriza utilidades globales por encima del bienestar regional. Celebrar la precarización maquillada de “inversión confiable” no cambia la dura realidad que enfrentan día a día los trabajadores nayaritas.
